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Autor: Roberto Cura.

A veces me pregunto si la historia está construida sobre la base de “hechos reales”, acaecidos en los campos de las ciencias, el comercio, la política, la vida de las naciones y los pueblos; las guerras, religiones y cultos, o es, simplemente, pura “leyenda”.
Quisiera compartir con ustedes algunas ideas sobre este tópico porque estoy por pensar que a lo largo de la vida nos han contado una historia que “distorsiona la realidad” y/o se fundamentan en “leyendas urbanas”.

Hoy comienzo, voy a tratar de devanar qué hay de verdad en cuanto a quienes son los verdaderos inventores de cosas u objetos que, aunque en formas más sofisticadas, forman parte de nuestra vida cotidiana.
Dos días atrás, siendo yo un profano en la materia me atreví a comentar sobre un “post” en el que afirmé que Thomas Alva Edison no era un “inventor man”, sino un excelente «bussinessman“ a quien por el uso mediático llamaban “El Mago”.

Si alguien preguntara en un “test” a un escolar de “Middle School” y, más a un estudiante universitario ¿quién fue el inventor de la “bombilla eléctrica” ?, sin temor a equivocarse respondería: Thomas Edison quien acumuló la increíble cifra de más de 1000 patentes. Sin embargo, esta respuesta que supuestamente seria la «correcta” resulta totalmente “incorrecta”, porque el verdadero inventor de esa luciérnaga maravillosa fue el inglés “Sir Humphry Davy”, quien realizó los experimentos y probó prototipos, aunque su nombre no quedó asociado históricamente a este invento que todos usamos. La evolución ulterior del «bombillo incandescente» se debió al trabajo de decenas de lumbreras que experimentaban en el «laboratorio» de Edison.
Si la “siguiente pregunta del “test” se refiriera a quién fue el inventor del teléfono, la respuesta no se deja esperar: “Graham Bell”, porque así es como figura en los libros de historia. Sin embargo, a veces las cosas no son lo que parecen y hay ocasiones en las que la gloria se la lleva quien no se la merece. Nadie recuerda al Florenciano Antonio Meucci, quien emigró a mediados del siglo XIX a Cuba y más tarde a los Estados Unidos con un descubrimiento al cual llamó “teletrófono”. El “ingenuo italiano” cometió el gran desliz de acudir a Graham Bell para que lo ayudara a su promoción. Sin embargo, en 1876, Bell patenta el invento y, después de una larga batalla en corte, Meucci muere en 1889 en una completa miseria y bajo la sombra del anonimato, mientras que Graham Bell se quedó con la “gloria” del invento y con algo más importante: “The Bell Telephon Company”, es decir con “los billetes verdes”.
“Guglielmo Marconi” fue un inventor italiano, al cual se le atribuyó la invención de la radio. Después se demostró que había usado 14 de las patentes de Nikola Tesla. En 1943, por votación del Congreso de los Estados Unidos, el invención de la radio fue dada a “Nikola Tesla”. Sin embargo, el descubrimiento de la radio sólo podía haberse logrado considerando dos grandes inventos: “el teléfono” y “la telegrafía” sobre los cuales “Tesla” tuvo poca relevancia. Entonces, “Nikola Tesla” sería la respuesta correcta, pero falsa, si la pregunta intentara saber el conocimiento que acerca de quién inventó la radio. A pesar de la decisión Congreso, como alguna vez suele ocurrir, a Marconi se le sigue considerando el padre de la radio y de las telecomunicaciones inalámbricas por haber patentado el 2 de junio de 1896 por primera vez la radio, aunque en un solo país y utilizando para su realización 14 patentes de Nikola Tesla.
Nada mis amigos. Parece ser cierto que “el mundo es corral en forma de gallinero donde los que se suben primero se…ya Uds. saben” Estos son solo tres ejemplos de una larga e interminable lista de inventos científicos cuyos inventores «no son de quienes se dicen ser». La historia parece estar hecha para ensalzar a los “businessmen” más que para reconocer aunque sea como enunciado histórico a aquellos que se «queman el encéfalo», a veces, sólo para sobrevivir.